domingo, 23 de noviembre de 2008

Sucesos Poco Amigables...

Me desperté muy temprano, a las 03:32 a.m. para ser exacto. Sinceramente esa evaluación con el profesor Jiménez me tenia muy preocupado, y no me dejo dormir como lo hubiese deseado. Había estudiado casi todo el fin de semana, los temas a tratar, sobre Química y Biología, eran difíciles, pero los había comprendido. Nunca se me paso por la cabeza que el día seria tan dificultoso.

Me reincorpore de mi sueño, y accedí a levantarme de la cama para cambiarme. El primer golpe del día fue ese: Golpee mi tendón contra el borde de la cama. No esperaba que eso sucediera, en parte, tampoco creía que doliera tanto. Al cabo de unos pocos segundos el dolor desapareció, aunque el efecto residual duro todo el bendito día.

Me encamine a encender la luz, ya que mi velador no funcionaba. Por lo que en la penumbra de la noche no reconocí la silla que se posaba delante de mi pie izquierdo. El meñique me sugirió que la próxima vez observara con más atención el contexto. La pata de la silla se me incrusto en el dedo meñique, haciendo que yo recordara a toda la familia de aquella maligna silla.

Ya nada malo podría pasarme, mi pie izquierda estaba atolondrado y mi mente recordaba, entre otras cosas, mi suerte de ganador. Me vestí sin problemas, procurando no golpearme con nada.

Ya eran las 4:00 a.m. cuando decidí bajar a la cocina y prepararme el desayuno. Les comento que tengo una escalera caracol, de metal (muy resbaladiza). Ese fue el tercer golpe del día. Descendí lentamente, con cuidado, y en el anteúltimo escalón, perdí el equilibrio. Creo que sentí como mi cóccix se clavaba en mi nuca.

Llegue a la cocina cojeando y balbuceando maldiciones a mi hermoso hogar. Puse la pava a calentar, mientras me dirigía al baño a asearme. Todo parecía ir correctamente, ya me encontraba en Zona Segura. Prepare un Café y deje las galletas en la mesa. No logre darme cuenta de la temperatura del Agua. El café estaba demasiado caliente como para que mi lengua y paladar lo toleraran. La taza resbaló y callo sobre mi pecho, quemándome vivo al grito de una maldición.

Tuve que bañarme.

Ya llegaba a la escuela, enojado, quemado, y con un pie destruido. Pero estaba tranquilo, había estudiado para la evaluación, había sacrificado el sábado y el domingo solo para estudiar esa materia.

Espere al profesor, conjunto de otros compañeros de clase. Los 10 minutos se transformaron en 1 hora. El preceptor llego. Ese fue el quinto golpe del día. El profesor se había enfermado y no vendría por una semana.

Y es así, como un día tan hermoso se transformo en mi peor pesadilla. El pie no paro de quejarse, mi cabeza estaba que estallaba y mi cara de pocos amigos asustaba a quien se me acercara.

By ShadowSF